lunes, 10 de mayo de 2021

Comprendiendo la obra de Sorolla. 04


 El tema en Sorolla

«El tema en las obras de Sorolla suele ser sencillo, incluso anecdótico. El siglo XIX había comenzado con grandes cuadros, de temas históricos, religiosos o mitológicos, llenos de personajes y de sentimientos intensos. En cambio, a medida que se avanza en el siglo se va prefiriendo los temas sencillos, poco enfáticos, con un carácter más intimista. En el caso de Sorolla, los temas que predominan son los paseos a la orilla del mar, los pescadores, los jardines y paisajes, los retratos en las propias casas de los retratados… No hay un interés por la captación de un momento lleno de tensión, sino que se prefiere la belleza de un hecho anecdótico y aparentemente poco importante. 


Las tres hermanas. 1909

Óleo. 93,4 x 113,2

Colección privada
 

Saliendo del baño. 1915

Óleo. 130 x 150

Museo Sorolla
 



Elena en la playa. 1909

Óleo. 200 x 120

Museo Sorolla
 

La abuela. 1908

Óleo. 81.3 x 105.4

Cincinnati Art Museum
 

Una característica de la pintura de Sorolla y de la pintura de finales del siglo XIX en general es que hay un mayor interés por representar a mujeres y niños que por representar a hombres adultos. Tal vez porque las escenas que muestran a mujeres y niños reflejan mayor intimismo y también mayor alegría».

Myriam Ferreira. Coordinadora del Grado de Humanidades de UNIR

 

sábado, 10 de abril de 2021

Comprendiendo la obra de Sorolla. 03

Los colores de Sorolla

«Sorolla representa muchas veces a figuras vestidas de blanco a orillas del mar, por lo que los colores que predominan en sus obras deberían ser muy fríos (azules y blancos). 
 


Bajo el toldo

Óleo. 99 x 126

Saint Louis Art Museum
 
 
Sin embargo, las obras de Sorolla no transmiten sensación de frialdad, sobre todo porque su mar no es solamente azul: tiene reflejos violetas, amarillentos y verdosos, colores más cálidos, cuyo brillo se refleja en las vestimentas de las figuras. 
 

Elena en la playa. 1909

Óleo. 200 x 120

Museo Sorolla
 
 
Y en aquellas obras que permiten una mayor riqueza cromática, Sorolla se vuelca en colores claros, brillantísimos e intensos, como ocurre por ejemplo en los jardines, donde la vegetación se convierte en oleadas de colores verdes y amarillos tan intensos que casi hieren la vista».

Myriam Ferreira. Coordinadora del Grado de Humanidades de UNIR 
 
 

miércoles, 10 de marzo de 2021

Comprendiendo la obra de Sorolla. 02

Sorolla y la luz
 
«Siempre se ha dicho que Sorolla es un maestro de la luz, pero ¿cómo hace para que sus cuadros sean tan luminosos? Puedes empezar por fijarte en dos pequeños detalles: cómo pinta las partes más iluminadas y cómo pinta las sombras. Para las partes más iluminadas utiliza reflejos de la luz muy blancos, en vez de la suave gradación de la luz que usaban pintores anteriores. Sorolla utiliza unos toques de pintura blancos, por ejemplo en las rodillas y piernas del niño y en los brazos de la madre, que incrementan la intensidad de la luz.

 

Cosiendo la vela. 1896

Óleo. 93 x 130

Galleria Internazionale d’Arte Moderna Ca’Pesaro (Venecia)

Sorolla no suele usar el color negro para las sombras, sino que prefiere utilizar tonos azules e incluso verdosos, amarillentos o anaranjados. De este modo, hasta las sombras resultan luminosas».

Myriam Ferreira. Coordinadora del Grado de Humanidades de UNIR


miércoles, 10 de febrero de 2021

Comprendiendo la obra de Sorolla. 01

Las figuras de Sorolla

«Las figuras de Sorolla son monumentales, son las verdaderas protagonistas de los cuadros. Entre los primeros paisajistas, e incluso entre algunos impresionistas, las figuras son algo secundario, ya que lo principal es el paisaje, la ambientación. En cambio, en los cuadros de Sorolla, a pesar de su maestría en la representación del paisaje, lo principal son los seres humanos y sus historias, y en ocasiones se cuelan temas que revelan la calidez de su mirada y su capacidad de compasión, como ante los niños con polio o la madre acusada de asesinato».


Myriam Ferreira. Coordinadora del Grado de Humanidades de UNIR


Triste herencia. 1899

Óleo. 212 x 288

Fundación Bancaja

 


 Otra Margarita. 1892

Óleo. 130 x 200

Mildred Lane Kemper Art Museum. St Louis. Missouri

 

domingo, 10 de enero de 2021

El entierro de Cristo

 El entierro de Cristo

 
El entierro de Cristo" 1887 (destruido por el propio pintor, tras el fracaso del cuadro en la Exposición Nacional de 1887)









 
Revista contemporánea. Julio de 1887

 

jueves, 10 de diciembre de 2020

Clotilde y Sorolla

Clotilde y Sorolla

«Clotilde García del Castillo (1865-1929), un nombre corriente para una mujer que no lo fue. Ella fue la mujer que estuvo siempre junto a Joaquín Sorolla pero además, Clotilde conservó los testimonios de su vida común y del trabajo de Sorolla (cartas, fotos, las listas de los cuadros que se enviaban a las exposiciones, las cuentas,...).Fue ella la que personalmente se encargó de donar al Estado la casa familiar de Madrid y convertirla así en el Museo Sorolla del que todos nos sentimos tan orgullosos.

Clotilde y Joaquín se conocieron en Valencia siendo niños. Más tarde Sorolla trabajó como iluminador del fotógrafo Antonio García Peris, el padre de Clotilde, que fue, además, mecenas y protector del pintor. Clotilde y Joaquín se casaron en 1888, vivieron un año en Italia y en 1889 se instalaron en Madrid.
 
 
En 1890 nace su primera hija María, en 1892 nace Joaquín y en 1895 Elena. Sorolla no deja de retratar a Clotilde pero lo hace también mientras ella ejerce de madre.

Pero Clotilde no pierde su condición de mujer, de compañera, por haber sido madre. Sorolla la sigue retratando sola en muchas ocasiones.

Y Clotilde, contrariamente a otras mujeres de su condición social de la época, parece dedicarle tiempo y dedicación a sus hijos y ser feliz con ello. Y la mirada de Sorolla es de padre, amante, cómplice.
Y pese a las teorías sobre el malditismo y la vida problemática que debe llevar un artista para poder ser creativo, nos enfrentamos a un Sorolla que parece ser feliz con la mujer con la que comparte su vida y con la familia que ha creado con ella. Durante temporadas, a veces largas, Sorolla tiene que viajar lejos de su familia para atender encargos de su trabajo. La correspondencia que se guarda de esos periodos es realmente clara y tierna: Joaquín y Clotilde se echan mucho de menos y se dedican emotivas palabras de cariño. Uno siente casi pudor al asomarse así a una relación tan íntima.

Son numerosos los cuadros de periodos de vacaciones en los que Sorolla plasma a Clotilde y al resto de la familia. Y es que el pintor no parece estar nunca de vacaciones o necesita sus pinceles para vivirlas de verdad y guardar para siempre esas instantáneas de felicidad bañadas por su prodigioso dominio de la luz.

Clotilde era consciente de su papel difícil siendo la compañera de un hombre con tanta fama y talento... En algunas de sus cartas le dice que debería quedarse en una esquina y hacerse pequeñita hasta casi desaparecer, pero que no lo consigue. Pero Clotilde no es mujer que desaparezca, no es una gran belleza, pero tiene un encanto y una elegancia muy especiales. La Clotilde que su marido pinta es una mujer inteligente y con carácter.

Y los pinceles de Sorolla no engañan, en sus cuadros Clotilde va cumpliendo años y cogiendo algunos kilos. El tiempo pasa y es absurdo aferrarse a una juventud ya pasada.

En julio de 1920 Joaquín Sorolla sufrió un ataque de hemiplegia que le impidió volver a pintar como ya relatamos en Joaquín Sorolla, la última pincelada. Clotilde siguió a su lado y le acompañó en todo momento.

En 1925, Clotilde García del Castillo dictó testamento donando todos sus bienes al Estado para la fundación de un museo en memoria de su marido. El Museo Sorolla de Madrid se inauguró en 1932. Joaquín Sorolla sigue vivo en toda su obra, Clotilde respira en cada rincón del Museo, que fue su casa, y en los múltiples retratos que de ella hizo el pintor».

http://aliciaporamoralarte.blogspot.nl/


martes, 10 de noviembre de 2020

Aún dicen que el pescado es caro...

Aún dicen que el pescado es caro... 

«¡Que viniesen allí todas las zorras que regateaban en la Pescadería! ¿Aun les parecía caro el pescado?... 
¡Á duro debía costar la libra!»
 
Flor de mayo

Vicente Blasco Ibáñez
 
 
«Este es el título de un óleo de Sorolla en que se ven a un grupo de pescadores atendiendo a un pescador herido en el fondo de una barca.

No era extraño que en el Cabañal y el resto de los poblados marítimos, abundaran las mujeres enlutadas, viudas y madres de pescadores que perdieron sus vidas en aras del pan de cada día.

En este tiempo, quizás en el otoño del 34, un fuerte temporal de levante azotaba la costa valenciana, y grupos de gente hacían comentarios sobre algunas barcas que no habían regresado y andaban perdidas o quizás naufragadas. Se decía que en la cercana playa de Nazaret, en la desembocadura del río Tuna, había aparecido un cadáver y los restos de una embarcación.

En la playa de la Malvarrosa las pescadoras subidas sobre piedras o tablones, oteaban el horizonte con la esperanza de descubrir el familiar "Laúd" y su triangular y blanca vela latina. Una barca había intentado alcanzar la bocana del puerto, estrellándose contra las rocas del rompeolas, desapareciendo sus tripulantes. Las mujeres gemían temerosas por la suerte de sus familiares, pues en algunas barcas se juntaban todos los varones de una misma familia, incluso algún chiquillo. 

 
¡Aún dicen que el pescado es caro!. 1894
 
Joaquín Sorolla y Bastida
 
Óleo. 151.5 x 204
 
Museo del Prado 

Entre llantos, rezos y advocaciones a la Virgen del Carmen, aquellas mujeres cubriéndose el "moño" con grandes pañuelos blancos o negros,—según.-; Soportaban la lluvia y el fuerte viento, y el tremendo maremágnum de las grandes olas que rompían en la playa. 

 
Entrada al puerto de Valencia en día de Levante
 
La Ilustración Española y Americana
 
8 de julio de 1884
 
De la obra de Javier Juste
 
Xilografía a la contrafibra - 281 x 182 mm

Algunos sacaban a colación, que los que faltaban, se podían haber refugiado en algún puerto de Argelia, apoyados por lo que todos sabían, la pesca encubría el contrabando que se hacía con el norte de África. Después de la tormenta viene la calma. Los chavales paseábamos descalzos por la playa, descubriendo todo lo que la tormenta hubiera arrojado a la arena de la playa.

Cuando regresábamos a casa, en un portal se apiñaba la gente, y se oían los lloros y lamentos de los familiares o amigos de algún desaparecido.»

Vivencias de juventud

Francisco Marcos Hernández